Los ingresos por gafas con inteligencia artificial de EssilorLuxottica casi se duplicaron en el segundo trimestre de 2026, mientras jueces, casinos y universidades siguen restringiendo el uso de dispositivos capaces de grabar en secreto. La contradicción es el dato real detrás del reporte financiero publicado este martes.
El grupo franco-italiano, socio de Meta en la fabricación de las Ray-Ban Meta y Oakley Meta, reportó una facturación de 14.800 millones de euros en el primer semestre, un alza del 9,7% a tipo de cambio constante. El beneficio operativo ajustado subió un 15%, hasta 2.750 millones de euros, superando el consenso de analistas.
El negocio de las gafas con cámara ya mueve la aguja del grupo
La compañía vendió más de 7 millones de unidades de Ray-Ban y Oakley Meta durante 2025, el triple de lo acumulado en 2023 y 2024 juntos. La consultora Circana calcula que todo el segmento de gafas inteligentes creció un 233% hasta mayo de 2026, alcanzando unos 436 millones de dólares en ventas anuales, y según IDC, Meta controla más del 69% de ese mercado.
La expansión no se ha frenado. A finales de junio, EssilorLuxottica y Meta presentaron una línea de gafas con IA de entrada, con precio desde 299 dólares y fabricación externa a las plantas del grupo. El objetivo original de producir 10 millones de pares al año para finales de 2026 quedará corto: ambas compañías ya negocian duplicar esa capacidad hasta 20 millones.
La privacidad quedó fuera de la ecuación de compra
Aquí está el dato que las cifras trimestrales no explican por sí solas: el rechazo público a las gafas con cámara no se ha traducido en una caída de demanda. Tribunales, casinos y algunos campus universitarios han prohibido su uso por el riesgo de grabaciones no consentidas, y aun así el producto se vende más rápido que nunca.

La explicación más plausible no es que el consumidor ignore el riesgo, sino que lo pondera distinto al comprar para sí mismo que al ser grabado por otro. Comprar unas gafas con cámara se siente como una decisión personal de conveniencia; ser grabado por las gafas de un desconocido se siente como una exposición impuesta. Esa asimetría, más que la falta de información, explica por qué el debate público y las cifras de ventas avanzan en direcciones opuestas.
El precio también juega su parte. Como recoge el análisis de ZeroHedge sobre los resultados, el punto óptimo de adopción masiva se ubica entre 300 y 500 dólares, muy por debajo de dispositivos como el Vision Pro de Apple, que parte de precios de hasta 3.000 dólares. EssilorLuxottica no compite solo con otras gafas: compite con visores que nunca lograron salir del nicho por su costo.
La competencia empieza a moverse, pero llega tarde al precio correcto
Samsung ya presentó sus propias Galaxy Glasses, justo en un mercado donde algunos tribunales acaban de vetar el uso de gafas inteligentes en sus instalaciones, una señal de que el escrutinio regulatorio crecerá al mismo ritmo que las ventas. El reto para cualquier rival no es solo construir un dispositivo comparable, sino igualar la ventaja de distribución que EssilorLuxottica ya tiene a través de Sunglass Hut, LensCrafters y ópticas tradicionales en decenas de países.
Esa red física, heredada del negocio óptico, es un activo que ni Samsung ni Apple pueden replicar en el corto plazo. Vender gafas con IA a través de una óptica de barrio, con la posibilidad de graduarlas, normaliza el producto de una forma que ninguna tienda de electrónica logra igual.
El mercado ya decidió que el riesgo de privacidad es un costo aceptable
El reporte del segundo trimestre confirma una tendencia que empezó a insinuarse desde el lanzamiento de las primeras Ray-Ban Meta en 2023: la resistencia a la vigilancia cotidiana pierde frente a la conveniencia inmediata cuando el precio y el diseño no piden ningún sacrificio visible. La pregunta que queda abierta no es si las gafas con cámara seguirán creciendo, sino qué tan lejos llegará la regulación antes de que ese crecimiento choque con sus propios límites legales.
